Amor Consciente


En estos tiempos tan complejos para el ser humano resulta esencial encontrar la armonía y el equilibrio entre cuerpo, mente, alma y la interacción con nuestro entorno.


Para alcanzar este punto conocer y practicar el Amor Consciente, sin dudas, hará la diferencia.


En la historia de nuestras vidas hemos imitado y repetido una forma de "amar" casi automática, proveniente de las creencias de nuestros padres, abuelos, ancestros (fieles a cada uno de sus sistemas) y de los patrones de conducta aprendidos a partir de la sociedad a la que pertenecemos.


Sin embargo, el Amor Consciente que con paciencia nos sugieren descubrir las culturas milenarias y ancestrales tiene puntuales características a enumerar: no busca atrapar, poseer, esclavizar, convencer ni mucho menos absorber al otro.


Es capaz de dar sin esperar nada a cambio, primera razón por la que se aleja de la "dinámica mundana" que conocemos. No ofrece sus dones con el objetivo de concretar un fin ulterior adaptado a la medida de sus intereses. Tampoco pide crédito ni reconocimiento, principalmente porque no se cree especial.


El Amor Consciente proviene de una mente analógica (diferente a la mente instintiva, reactiva o analítica), por lo que tiene la amplitud y la tolerancia para colocarse en distintas perspectivas, circunstancias y puntos de vista. Considera relativo el tiempo y el espacio. Piensa siempre en el bienestar del otro porque la empatía es una de sus grandes cualidades.


Jamás usa su fuerza y su protección para aprisionar ni para dominar a otro ser. Es desinteresado, noble e incondicional. Va diametralmente opuesto a las exigencias del ego, por más que este último intente presentarse como "benévolo" en su afán por mimetizarse.


Este Amor, en la práctica, tiene una vibración más sutil por lo que no pretende ocupar ni sustituir a Dios a cambio de su supervivencia en este plano físico.


Pulsa instantes de alegría que evocan felicidad y en su plenitud comparte su energía con el otro ser humano, animal, mineral o vegetal, sintiendo que se fortalece, se expande y se multiplica.


Se destaca porque no busca que otro ser le proporcione felicidad o llene sus "carencias o vacíos existenciales".


Realiza servicio, es humilde de corazón y entrega sus dones sin condicionar o esperar alguna recompensa.


Si tuviese manos tomaría despacio con sutileza y soltaría con fuerza y contundencia porque conoce y practica la libertad.


La conciencia humana no se encuentra en nuestro cerebro, sino


más bien en el campo electromagnético de ese órgano, de acuerdo con un reciente estudio.


Los investigadores dirigidos por el profesor Johnjoe McFadden señalan que la conciencia consiste en la energía electromagnética que surge como resultado de las señales eléctricas que comparten las neuronas.


La investigación fue publicada el mes pasado en la revista Neuroscience of Consciousness, donde se informa que esta energía, que puede ser detectada mediante un electroencefalograma y magnetoencefalografía, podría ser el verdadero núcleo de la Conciencia, donde se ubican los pensamientos y los procesos mentales.


McFadden, en su hipótesis, descrita como la teoría del campo de información electromagnética consciente (cemi), propone que la Conciencia es información causalmente activa, físicamente integrada y codificada en el campo electromagnético del cerebro.


Otros estudios de física cuántica han ubicado el heptocubo del Alma (cuyo único regente es el Ser

evolucionante) en la misma zona.


Por lo anterior resulta factible que al combinar el Amor, ya no como una emoción momentánea, interesada y cambiante, si no como un sentimiento, desde una perspectiva más elevada (menos egocéntrica y egoísta) y la Conciencia, partiendo de la práctica de una mente analógica más evolucionada, el ser humano podría comenzar a descubrir otra forma de existencia.


Para adentrarnos en esta búsqueda podemos mirar a nuestro alrededor y convencernos de que nada material o físico es permanente. Sin embargo, la energía cambia de forma; no se destruye.


A partir de esta perspectiva, camadas de seres humanos están sintiendo que la chispa divina cósmica de cada Ser -que se encarna, cumple su plan y sigue su camino de trascendencia, siendo indestructible e inmortal- es la que realmente tiene importancia conocer y cuidar, pues sobrevive a la dinámica del inmenso Universo.


Justo allí, al ponernos en contacto con nuestro Yo Soy invisible y zambullirnos en este infinito misterio, habremos dado el primer paso para explorar el terreno de lo único que no muere, lugar exacto donde se ubica y evoluciona por experiencia el extraordinario Amor Consciente.



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